Hay un asunto que, a menos de 70 días para arranque del Mundial, el entrenador de Colombia no ha logrado resolver: el rol de Juan Fernando Quintero en la evolución futbolística del equipo. Hasta la ronda de amistosos en marzo, su papel en la Selección (como en sus clubes) se ha reducido al de ser un bombero que intenta apagar incendios, camufla debilidades colectivas, o adorna actuaciones decorosas cuando el equipo está en su día ¿Hay manera de reconvertir su figura a algo más valioso que ser el primer recambio de James?
El primer artículo de este blog lo cerré con una serie de preguntas sueltas orientadas a plantear posibilidades de mejora en el esqueleto de juego de Colombia, que tras las dos derrotas al hilo con Croacia (1-2) y Francia (1-3) activaron un sistema de alarmas que modificaron el semblante del plantel y endurecieron el tono de la opinión pública y medíatica, que previamente parecía colmada por un triunfalismo exhacerbado -y, a mi manera de ver, absurdo- de cara a la Copa del Mundo.
Les seré sincero: esas preguntas -retóricas, por supuesto- las planteé como una excusa perfecta para escribir este texto y, desde luego, tratar de resolverlas. Creo que tampoco está de más decir de quién se trata el artículo: está anticipado en la imagen principal y en el encabezado. Entre los 25 minutos que estuvo ante Croacia, y los 33′ contra Francia, fue la mejor noticia para Colombia en esos agrios amistosos. Pero la novedad no es que juegue bien, o que su simple presencia en el campo le brinde a Colombia otra frescura en su dinámica de juego; esas son cosas que desde hace años están verificadas. El núcleo del asunto es que esos 58 minutos que estuvo en la cancha volvieron a abrir la puerta de una discusión que, de manera increíble, no se ha abordado con la urgencia que merece: su rol en la evolución futbolística del equipo,
Desde aquella derrota, dolorosa, contra Argentina en Miami, Néstor Lorenzo ha expuesto varios lagunas en la gestión de la nómina, que se condensan en su evidente renuncia a probar alternativas reales a un XI inicial que desde el ‘vamos‘ ya no funciona, y su dirección de campo, que pocas veces ha recompuesto el nivel del equipo en escenarios adversos. Sin embargo, hay un lunar que a mi manera de ver es todavía más preocupante que los dos anteriores: los pocos minutos que ha tenido Juan Fernando Quintero bajo su batuta.

Para poner de manifiesto la magnitud del asunto: Quintero solo fue titular en tres (3) partidos con el actual seleccionador, siendo dos de ellos amistosos. Su única titularidad oficial se remonta a noviembre de 2024, ante Uruguay (3-2), por Eliminatorias. Pese a que aquella noche Juanfer mostraba el camino con un magnífico tiro libre desde el vértice del costado derecho del área -cuya bola pasó al lado de la barrera y engañó al arquero Rochet-, Lorenzo decidió que el camino más viable para el equipo era retirarlo del campo para darle ingreso a James. Es decir: Quintero ni siquiera completó ese partido cuando en la cancha era el que mejor estaba jugando.
¿Qué equilibrio busca Lorenzo?
El meollo de la discusión tras la fallida fecha FIFA de marzo subió de nivel cuando en la opinión pública brotó una demanda en común: entra Juanfer, sale James. No es una discusión aislada, y es válido plantearla, pero debe abordarse con pinzas ¿Es una señal de mejora sacar a uno para que juegue el otro? Parece díficíl hallar una respuesta concreta cuando el entrenador no ha depositado un voto de confianza real en Quintero. La única pista del acertijo la dio el propio seleccionador nacional, cuando en una rueda de prensa fue preguntado por la posibilidad de que ambos puedan jugar juntos, pero en su respuesta optó por el hermetismo: no descartó la opción de ponerlos, pero tampoco lo ve como una apuesta de juego concreta o una base sobre la cual el equipo se sostenga.

La deducción que extraigo de esa declaración es que el técnico ve esa opción como un «choque» de cualidades individuales que pueden alterar ese «equilibrio» que, a su modo de ver, es la mezcla de esas otras múltiples cualidades que configuran a un equipo. «Un pasador necesita jugadores que vayan al espacio», citó Néstor como ejemplo para sustentar su premisa, pero ¿Pueden haber dos pasadores que aumenten el volumen de ocasiones en las que esos otros jugadores vayan al espacio y dispongan de más opciones para llegar al gol? Quizá de esa probabilidad emerja otro «equlibrio»: el de las sociedades y cómo el equipo se organiza en torno a ellas.
Soy amigo de aquel principio del fútbol en que se menciona que táctica son los jugadores: lo han expresado desde Arrigo Sacchi hasta Guardiola y Ancelotti, con diferentes matices y apoyados desde sus experiencias como entrenadores. La mejor táctica, a mi forma de ver, consiste en poner y combinar a los mejores jugadores posibles en un once titular, y no forzar el armado de un 4-3-3, o un 4-2-3-1, o cualquier otro sistema estandarizado del «fútbol moderno» que priorice la ocupación de espacios, la amplitud de la cancha, la igualdad númerica en la presión, la intensidad sin balón, y todo ese conjunto de tópicos que no son más que maromas argumentativas para tratar de explicar las fórmulas del éxito de un equipo.
Ojo, con esta proposición no quiero afirmar que Colombia deba renunciar a un 4-3-3 o a un 4-2-3-1. Entre otras cosas, porque bajo ese último dibujo -por poner un ejemplo- se paró el equipo que jugó el que sería, hasta el día de hoy, el mejor partido de nuestra historia en los mundiales: el 3-0 contra Polonia en Kazán, la noche en la que se volvieron a juntar los astros. Pékerman, con un Lorenzo campante y a su espalda como asistente técnico, alineó a sus dos jugadores más talentosos, que compartían características similares: uno asistió en dos de los goles y el otro repartió otro pase gol. Sí, ellos mismos, James y Juanfer, fueron los grandes artífices del coctel de fútbol que fue ese juego.

¿Volver a intentarlo?
«Es que ese partido no puede ser el marco teórico que sustente esta tesis, porque ocurrió hace ocho (8) años». Es cierto, es mucho tiempo ya: para la época, en Quintero y James había una mayor frescura física e inclusive reposaba una mejor reputación. Pero desde entonces, y hasta hoy, sigo notando la misma sabiduría y madurez de ambos para jugar; no en el James que terminó deshidratado después del partido ante Francia, pero si en ese James que fue jefe de filas la última Eliminatoria, o el que se iluminó en la Copa América hace dos años.
En Juanfer percibo las mismas sensaciones. Desde ese juego ante Polonia y este último par de amistosos, el ’20’ sigue siendo el mismo pasador colosal -en corto o en largo, con la misma tensión y curva- que allana los caminos más difíciles, pone de cara a los delanteros y en general exige al máximo a sus compañeros hasta lograr ese contagio que los enchufe a jugar a su propio ritmo. Esa imaginación y creatividad, el génesis de su fútbol, no tienen fecha de caducidad aún.
James Rodríguez y Juan Fernando Quintero están ad portas de disputar su tercera Copa del Mundo. Son dos de los cinco fútbolistas colombianos que llegarán al gran certamen con este rótulo, junto con Santiago Arias: es decir, son las dos máximas jerarquías del equipo, y que en una ecuación tan compleja no deberían omitirse entre sí ¿Estará Lorenzo realmente dispuesto a despejar ‘X’ para hallar ‘Y’?

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