🇨🇴 COL 1-0 COD 🇨🇩 | Los primeros 25′ y Quintero

CRÓNICA

Ya liberados de la tensión del debut ante Uzbekistán, el reto era soltar con más asiduidad el cuerpo ante la RD Congo. La victoria inicial y el empate del combinado africano ante Portugal le daba a Colombia un poco más de aire en la camiseta para encarar serenamente un partido que de cara a la segunda ronda era casi resolutivo. Lejos un poco de la realidad, al menos por el momento, el pitazo inicial pareció una continuación de la dinámica mostrada en el primer partido: antes del minuto, Edo Kayembe avisaba con un disparo de media distancia desviado y sin dirección, en una jugada que tomó a Colombia frío, acomodándose en cancha y recibiendo de sopetón el mensaje consabido sobre el reñido juego que se venía.

Pero después de ese primer susto apareció el torbellino: Colombia cogió el balón, y su primera acción de peligro fue precedida por una secuencia que brotó los mejores compases de la era Lorenzo: jugadores cerca de la pelota, asociaciones cortas por dentro para luego romper con fuera. Un control orientado de Puerta, que amagó con el cuerpo para ir a la derecha y salió por la izquierda para desatorar la presión rival. Luego pasó la pelota a un Suárez que voluntarioso bajó unos metros a pivotear y con un taconazo algo defectuoso le dejó el balón a Lerma, que exigido cambió la jugada a la otra punta y ahí aceleramos. Ahí, entre Mojica, Arias y Díaz triangularon hasta pisar el área, pero el destino de la jugada fue ajeno al que merecía: un disparo de Arias que comenzó a hacer figura al arquero Mpasi fue cazado por Muñoz, que de forma incomprensible terminó enviando a la parte exterior de la red.

Fue esa la jugada con la que Colombia comenzó a hacer ‘click’ en el partido, y confirmó de pleno un acierto del seleccionador: Jhon Arias nuevamente de interior por izquierda, y no por fuera. Un jugador que necesita estar cerca de los otros volantes, de tocar y moverse. Su presencia ahí no solo le da más oxígeno y posibilidades creativas al mediocampo, sino que le entrega completamente el carril a Muñoz para que explote su mejor virtud de llegador. La llegada de Puerta al once también le agregó otras cosas que necesitaba Colombia en esa zona y quizá no tenía, por ejemplo, con Richard Ríos: rupturas al espacio para sorprender, romper marcajes. No solo es un volante que manipule la pelota como pegamento, sino que convive sin ella.

El handicap del cooling brake

Ese era apenas un primer aviso de lo que luego iba a suceder, porque a los dos minutos, el olfativo Muñoz iba a replicar la misma diagonal que trazó en el gol del debut, entre el defensa lateral y el central cercano, tras un pase largo y tenso de Mojica, y que esta vez iba a resolver con la cabeza. En el primer testarazo intervino un ya envalentonado Mpasi, pero la pelota en el aire le dio más tiempo a Muñoz para volver a conectarla a como fuera lugar para embocar el balón. Pero esta vez, la carrera la había iniciado un milisegundo tarde. Offside.

El juego ya entraba en un estado de efervescencia en el que se podía anotar el primer gol rápido. Primero con James y Mojica probando desde afuera, luego con Díaz en el área, y unos minutos más adelante Puerta volviendo a ensayar de media distancia: en todas estaba Mpasi. Su figura crecía como espuma en cada llegada de una Colombia que firmó el mejor «primer nuevo tiempo» en lo que vamos en Mundial. Lo denomino de esa manera porque ese huracán de situaciones se produjo antes del minuto 25, momento que coincidió con el innecesario descanso llamado «cooling brake» o pauta… digo, pausa de hidratación. Tras ello, la marea bajó; el nivel de amenaza de Colombia se diluyó y el rival tomó un poco de aire y comenzó a sumar aproximaciones, sin mayor riesgo.

El momento cumbre

Colombia no sintió la ansiedad de comenzar el segundo tiempo teniendo la ventaja en el marcador. El sartén ya estaba por el mango y el gol esperaba sentado en un sillón al final del pasillo. La amenaza volvió a subir tras un centro de James que recorrió el corazón del área antes de caerle a Díaz, pero su zurdazo volvió a estrellarse con el muro que era Mpasi, cuyo rebote capturó esta vez Arias, que enganchó con su pie dominante y de zurda trató de ajustarla al otro palo, aunque su remate pasó por centímetros.

Con el correr de los minutos comenzaba a acentuarse una preocupación aún mayor a la del empate transitorio: James había bajado su producción. Su mejor tramo fue concomitante con aquellos primeros 25′, y si bien su versión esta vez mejoró a la del debut, la cuerda volvió a gastarse pronto. Era un cambio cantado, pero en el aire aún permanecía la duda si entraba ESE jugador. Hubo un momento de algarabía del público cuando no pasaba nada en cancha: lo reconozco, en ese momento pensé lo mejor: iba Él a la cancha. Cuando la cámara lo enfocó, dije: «acá lo ganamos». Lorenzo le dio más de media hora. Junto con él también entró Córdoba, que no había jugado el primer partido por precaución. Salieron James y Córdoba-

Cuando entra ÉL se pone la mochila y asume un rol espejo de James: desciendo a la base y me pongo a buscar líneas de pase. Pruebo golpeos: si hay que cambiar de lado para aclarar, lo hago; si encuentro un hueco entre líneas, filtro el balón ahí; me hago el tonto y me pongo a la espalda de los volantes cuando Puerta lleve el balón a nuestro campo. Falló en algunos pases, otros los acertó. Estaba carburando Juanfer hasta ahora, pero eso suele ser un proceso que resuelve en un santiamén porque hay un detalle que por obvio que parezca valga la pena ponerlo en mayúsculas: sus compañeros le creen, confían en su fútbol, en su condición de líder. Porque Quintero también es eso: un ancla, que habla con la pelota en los pies. Su intervenciones contagian y hacen mejor a su equipo.

Hubo por lo menos 20 minutos de aquello de Juanfer, hasta que llega una jugada por dentro, otra vez por ahí. Lerma pasa un balón corto hacia adelante a Puerta, este toca de primera con Arias, que inmediatamente busca a Quintero en toda la frontal del área: falla en el primer pase, pero la pelota dividida la gana él y se la cede a nuestro crack. Luego Juanfer frota la lámpara: esconde el pase entre dos jugadores congoleños que lo marcaban a un metro. La pelota va paseando de adentro hacia afuera en diagonal rumbo al área y Córdoba, de astuto, pone el lomo e impide al central Pickel cortarlo ¿Quién aparece ahí? Muñoz, el olfativo Muñoz, que desde que vio a Juanfer con la bola ya estaba pidiendo el pase porque sabía que se venía otro momento decisivo suyo. El balón le llegó transitando lento, iba perdiendo velocidad, y no le quedó de otra que definir con la «mocha». Gol, hubo un desvío en el mismo Pickel: la cortina de Córdoba también le impidió llegar puntual al cierre, y quizá el arco de Mpasi esa noche solo se iba a romper de esa forma, con ese ligero desvío. Dosis de suerte. Los primeros dos cambios de Lorenzo, acierto pleno.

El gol parecía resolver ese partido: luego Colombia y Díaz tuvieron más terreno llano para correr, pero la radiografía del partido ya no le permitía hacer tanto de eso, porque ya estaba a una marcha menos que el resto. Así jugó todo el partido, a intervenir exclusivamente cuando la pelota le llegara a una zona de daño. Su temporada con Bayern fue larga y extenuante, y hay temor de que la fatiga estalle en un momento sensible del Mundial: otra preocupación. Luego le anularon dos golazos; uno por una falta que no existió y otro por un vicio que repitió casi todo el partido: no ver la última línea y por ende permanecer en fuera de juego. En la del segundo gol incluso tuvo tiempo para frenar el paso y ponerse por detrás de esa línea defensiva, o al menos a la par.

Eso también le dio una última vida a RD Congo, tomó la pelota y a los trompicones se mandó al frente, pero esta vez Colombia no repitió lo del primer partido y no se hundió en su área, sino que defendió unos metros más arriba. La presencia de Quintero también causó ese efecto: Colombia supo sufrir ese lígero envión del rival, en el que incluso sumó otra ocasión más con otro disparo desde afuera de Puerta que obligó a Mpasi a intervenir, y dos minutos más tarde forzó a otra intervención de nuestro arquero, Vargas. Esa atajada también era necesaria para comenzar a acumular un poco de confianza y tranquilidad, si bien estos dos primeros juegos no lo obligaron a exigirse tanto y pese a que ya sumó un error que originó un gol.

Sobre la hora, el rival tuvo dos jugadas de córner que midieron el nervio de Colombia: no pasó nada, aunque no imponerse en esos últimos dos balones incrementaron los temores de la defensa del área de Colombia. Lucumí y Dávinson Sánchez firmaron un gran partido, sobre todo este último, que se metió al bolsillo a Bakambu y lo obligó a él y a su pareja a asumir un rol de cortafuegos: lejos del arco y anticipando con éxito cada salida rápida del rival con el delantero, que era la carta sobre la que aferraban su posibilidades arriba junto con Wissa. Mariani, de flojo arbitraje, decretó el final. Victoria dulce, clasificación sellada, pero el objetivo todavía no se ha completado. Se viene Portugal. Partido bisagra, medidor real del nivel de nuestros jugadores y de gestión de campo del entrenador, que en este segundo juego mejoró con respecto al primero. La gran certeza es que se dispone de un material humano genuino y de calidad para dar golpes de autoridad en esta Copa del Mundo.

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