🇨🇴 COL 1-0 GHA 🇬🇭 | La danza de los ritmistas

CRÓNICA

El arranque fue titubeante, un calco del inicio ante RD Congo: antes del minuto, el rival comenzó dando el primer zarpazo con un zapatazo fuera del área de Thomas Partey, que había cazado un intento de rechazo de James. A esa duda del inicio se sumó un infortunio tres minutos luego: la lesión de un envalentonado Jhon Córdoba que parecía volver a ganar el sitio en el XI titular, esta vez a Luis Suárez. El cambio entre uno y otro no supuso un desapego del plan inicial, porque el rol demandante de ambos era el mismo: aguantar de espaldas con los centrales, administrar espacio entre la defensa y los volantes del rival y abrirle más vías a Luis Díaz para atacar la zona del 9. Sin embargo, y en función de ello, la substitución parecía restarle posibilidades limpias al ataque. El del Krasnodar era el más preparado para asumir ese «trabajo sucio».

Para nuestra suerte (y la de Lorenzo) el segundo contacto de Suárez con la pelota resultó en oro: salió del área y se ofreció como opción de pase a Muñoz, que desde la banda le lanzó la pelota en diagonal hacia adentro. La bola no fue buena: picó antes de la recepción del delantero, que fue infructuosa, pero que mejoró alargándolo a la zona despoblada y dispuesta para tirar un centro con ventaja. Su primer intentó de centro fue bloqueado, pero el rebote lo encontró nuevamente y no dudó en mandarla al área para Díaz. La bola fue con tanta tensión que el del Bayern no pudo conectarla de cabeza, pero si un Arias que sorprendía llegando libre de marca por el segundo palo. El chococano solo tuvo que poner firme el borde interno de su pie izquierdo y cambiarla de palo, tomando a contrapie al arquero Zigi: 1-0. Un gol como premio a uno de los mejores futbolistas colombianos del torneo, y supremamente oportuno ante lo que suponía desquebrajar un plan rocoso sin pelota como el de Queiroz.

Ritmista 1

El gol como basculador. Colombia se tomó confianza rápido y Gustavo Puerta funjió como manija para todo: ser línea de pase de los defensas y volantes. Movimiento, toque, apoyo, desmarque. El volante del Racing de España trae el pack completo. Su libertad para ir siempre al encuentro del balón es un gran porqué de la fluidez de nuestro fútbol. Es el primer gran ritmista del equipo. Su primer tiempo fue un constante «voy y busco la bola» que fue alternándose con James en la base -si uno se quedaba, el otro se iba, pero nunca compartían la misma zona- aunque con un punto de frescura y velocidad de ejecución mucho más definido con el joven centrocampista vallecaucano.

No suelo ser de los que me asombro con rendimientos individuales tan descollantes a edades tan prematuras, porque el fútbol no es de viejos y jóvenes, es de buenos y no tan buenos (o malos), pero creo que vale la pena recordar un detalle con Puerta: es el futbolista de menor edad de los 26. Juega con un nivel de decisión, excelencia y convencimiento que no había visto en otros centrocampistas de la Selección, contando todas las eras y ciclos que pude ver y desmenuzar. Su juego en Kansas City es uno de los mejores que le vi a un colombiano en una Copa del Mundo, aunque eso haya implicado el gasto físico importante que al final del partido reconoció.

El primer tiempo fue otro monólogo de Colombia: circulación del balón con varias secuencias de pases, a primera o segunda cuando el rival no saltaba a presionar, y a cuarta o quinta cuando había panorama por delante después de superar la primera línea de presión. Mucha aproximación por el sector fuerte (izquierdo) para tratar de sorprender por el lado opuesto (derecho) con Muñoz. Nada que no se haya dicho en los primeros tres juegos, pero tampoco sobra subrayar por enésima vez que los ápices del fútbol de Colombia nacen, se desarrollan y y mueren bajo ese tipo de organización.

La falta de un ritmista

Para los últimos 45′ James salió con la camiseta de entrenamiento. Su cambio era lógico, estaba lento de cintura y ejecución, pero en su lugar entró Ríos. Su salida modificó la estructura a un 4-3-3 con Arias pinchado a la banda derecha, en su peor rol y lejos de los otros volantes; Ríos cerró el tres del medio como interior derecho. Su prestación claramente bajó, pero el del Benfica tampoco entró bien al partido: no ganaba duelos, lo escapaban con facilidad, y con la pelota tampoco encontraba a Arias ni a Puerta, el equipo entró en un estado de «lobotomización» en el que los volantes y delanteros estaban lejos entre sí. Empero, la salida del capitán le elevó el rendimiento a Suárez, que jugó sus mejores minutos en el Mundial. Nuevamente el del Sporting administró con suficiencia ese espacio por detrás de Partey y Caleb Yirenki, y fue distracción para los centrales, que no sabían si tomarlo a él o a Díaz, pero este último todavía no hacía click en el partido.

Luego llegó el gol anulado a Díaz, el tercero en el Mundial, que nació justamente de un robo de Suárez que en la segunda jugada forzó una pelota dividida que cayó en Puerta. Quizá con esos hipotéticos cuatro goles la impresión sobre su Mundial sería distinta, pero ese encaje de Díaz con la zona del 9 está fallando y no le está permitiendo disponer de un número provechoso de chances. Al final, la mayor preocupación del equipo es esa: el futbolista que más nos acerca el gol no está acertando en lo poco que tiene, y su ansiedad va incrementando por cada fallo o gol suyo que no sube al marcador. No le quedó otra opción más que aceptarlo: es un tema de nivel y se comprometió a elevar la apuesta. Ojalá sea rápido, un Mundial no da espera.

El rediseño del sistema hizo que la figura de Puerta creciera más y más en el juego: asumía roles de Lerma, y de Ríos, y de Arias, que nos ponían permanentemente en campo rival, pese a la densa estructura montada por Lorenzo, que mal que bien permitió al equipo disponer de más chances y defender mejor las transiciones a las que le apostó Ghana. Al equipo nunca lo tomaron mal parado: las distancias entre líneas eran parejas y le facilitaba a la pareja de centrales clausurar ataques en cuestión de segundos con anticipos. Hay un nivel altísimo de ambos, e insisto con el de Dávinson Sánchez: a los 30 años llegó el central que nos había sido prometido en 2016, y en qué escenario.

Ritmista 2

Luego entró Juanfer y el estadio nuevamente retumbó en júbilo ¿Qué puedo agregar a lo que ya se ha dicho? Es una bendición tenerlo. Nuestro segundo ritmista en el Mundial, a falta del tercero y quizás un cuarto. Su ingreso de paso mejoró a Richard Ríos, que le permitió tener más espacio en campo contrario para pisar su carril con mayor facilidad e interactuar más con los atacante. Luego con él, y a su tenor, la sinfonía de pases de un lado a otro, de atrás hacia adelante, con jugadores ocupando y llenando espacios. Cada secuencia incrementaba la frustración de Ghana que solo veía correr la pelota. Así se iba componiendo la orquesta: toques para descansar, cambios de orientación para acelerar la jugada. En algunas secuencias, el de River gestaba su encuentro con el primer ritmista, Puerta, y la circulación de la bola pasaba a ser un idilio.

El tiempo de descuento final resultó ser un entrenamiento explicado por la tranquilidad que representaba la pelota estando en poder de cualquiera de los dos: Juanfer probando golpeos y Puerta de resorte, almacenando cada posesión. El resultado al final fue corto y arbitrario, pero con la ventaja que representa sumar otro partido en el que se pondrá a prueba si el techo del equipo fue esta muestra contra Ghana, o lo del otro día contra Portugal, o si hay algo más en la galera que se manifieste ante Suiza en Vancouver.

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