El mejor año del ‘Guajiro’ con la camiseta del combinado nacional (2025) chocó con el nivel general más flojo del equipo, y desde su llegada a Baviera su fútbol no ha hecho más que escalar a sus picos más maduros. De ahí que, la dualidad entre ese estado de forma supremo y el estado de cosas actual de la Selección nos obliga a plantear posible escenarios y variantes para acercar al delantero a la versión más amenazante y de mayor pulcritud técnica y creativadad de su carrera a su primer Mundial
El Bayern Múnich, que este fin de semana obtuvo la corona 35 en Bundesliga, superó una semana antes de la consagración un récord del cual gozaba el mismo club desde la temporada 1971/72: la mayor cantidad de goles anotados en un solo curso de Bundesliga. La gesta se logró durante una visita transitoria al St. Pauli (5-0), con la que los ‘Bávaros’ alcanzaron la exorbitante cifra de 105 tantos, dejando atrás la marca de los 101 alcanzados hace 54 años.
El número, descomedido e inusual en una etapa tan industrializada del fútbol europeo, abrió otra página a un cuento que parecía tener un desenlace definitivo. La continuación de ese libro tendrá un capítulo anecdótico que se encargará de olvidar una cifra de la cual fueron responsables nombres históricos del fútbol alemán como Gerd Müller, Franz Beckenbauer, o el presidente honorario del club, Uli Hoeness. Pues para la época, dicho registro lucía inalcanzable, pese a que irónicamente el club ha ostentado históricamente el adagio de ser una máquina de anotar.
Otra de las páginas del texto se enfocará en la gesta en sí, sus protagonistas y actores de reparto. En los anales de la proeza participaron 18 futbolistas: cada uno de ellos logró marcar por lo menos en una ocasión. Pero, como en todo cuento, los actores principales son los que se llevan las luces: tres (3) de esos 18 futbolistas se repartieron la mitad de esa producción goleadora: Kane, Olise, y el que nos interesa, Luis Díaz, que aportó hasta ahora 15 goles.
No soy de los que se ponen en la orilla de que las estadísticas -o la nomenclatura con la que lo bautizaron los tuiteros: los «G/A»-, son un parámetro estándar para valorar la categoría real de un futbolista, porque al final el fútbol no es un deporte que se deba fraccionar por partes, pero hay algo que ante los ojos de todos es necio no aceptar, y es que el oriundo de Barrancas está jugando el mejor fútbol de su carrera.

La admiración de Kompany a Díaz como un hombre «libre»
El rendimiento y nivel del ‘Guajiro’ en Múnich ha sido tan descollante que también se ha transformado en un aprendizaje constante para Vincent Kompany, su entrenador. Tras el 5-1 ante Hoffenheim, en el que Díaz anotó su primer triplete con el club, al belga -que durante su etapa como futbolista llegó a ser un imponente zaguero central- le preguntaron cómo podría defender a su dirigido si aún fuese futbolista en activo. Lejos de arrojar conceptos, o describir alguna fórmula táctica con foco en el tablero, la respuesta de Kompany estuvo llena de admiración hacia el jugador, como si se tratara de un aficionado que va al estadio a sorprenderse por lo que ve de él: «no lo voy a decir porque no quiero que los rivales sepan, tiene una creatividad caótica, nunca sabes lo que quiere hacer».
A mi juicio, uno de los mejores indicadores para distinguir a un gran entrenador de uno mediocre es ese: su voluntad de aceptación para entregarse a sus mejores jugadores y, a partir de ahí, brindarles herramientas y contextos en el que se fomenten hábitos de juego y se construya una química entre ellos. Kompany ha cumplido al pie de la letra con esa máxima del fútbol, y lo hizo en tiempo récord: es apenas su segunda temporada al mando del club. Bajo todo este manto táctico, el belga halló en el delantero colombiano la tuerca con la que terminó de ajustar y engrasar el ataque más letal de toda Europa, al cual le ha ido otorgándole licencias y concesiones amoldadas a la categoría de sus futbolistas.

La evolución futbolística de Díaz ha comprendido un maratón de posiciones que probaron Arne Slot (su último entrenador en Liverpool), el propio Kompany y Néstor Lorenzo. La apuesta con este último fue clara: hacerlo un segundo delantero escorado por la punta izquierda y acompañarlo con otro -un ‘9’, más tradicional y fijador- para que Lucho tuviese el flujo de movimiento necesario por su lado fuerte para luego ejercer el mando por todo el frente de ataque.
Slot fue un poco más disruptivo en su trato con Díaz: lo mandó de ‘9’ en varias salidas para mantener a Cody Gakpo en su banda. Fue un rol en el que exploró otros registros, muy habituales en un delantero centro y algunos ya explotados en su totalidad bajo la mirada de Kompany partiendo desde la izquierda: los desmarques a la espalda de la última línea para hallar caminos al gol: así anotó ocho (8) de los 17 en su último curso en Anfield.
Todas esas demandas heterogéneas de cada posición con las que Lucho ha interactuado no son indistintas de los roles de atacante que ya conoce. Sin embargo, su consagración en Bayern ha estado más vinculada que solo a su fidelización con el gol, o a un progreso de su estado físico para aguantar un calendario competitivo que cada temporada es más severo, sino la prolijidad en sus movimientos sin balón e intervenciones con él: controles, conducciones, pases, disparos y pausas.

¿»Díaz» para navegar solo?
Trasladar todo ese estado de gracia a la Selección ha supuesto otro desafío de gran dificultad para Lorenzo, pues la antítesis entre ese nivel y el del equipo ha conducido a que se planteen nuevas fórmulas de juego que a mi juicio son desesperadas y superfluo, en especial esa que sugiere sacar del XI a James para luego «construir un equipo alrededor del mejor jugador» (o sea, Díaz), queriendo ignorar de golpe el hecho que la presencia de uno hace que el otro mejore, y viceversa.
Para la muestra, un botón, o mejor, dos: el amistoso que se ganó frente a España (1-0) en Londres, en el que el equipo (y Díaz) mejoraron notablemente con el ingreso del ’10’: con él llegó el gol de la victoria. O el empate ante Perú (0-0) en Barranquilla por Eliminatorias, que Díaz se perdió por acumulación de amarillas y en que el equipo, además de adolecer de caminos claros y continuos para llegar al arco con su ausencia, termino por firmar el partido peor jugado del actual ciclo.
Cito este último como punto de referencia al partido que se jugó cuatro días después ante Argentina en Buenos Aires (1-1), en el que el seleccionador apostó por una variante que nunca antes había probado, y que por el statu quo del equipo podrían entrar en la baraja de opciones para, entre otros beneficios, sacarle todo el jugo a Luis Díaz: su rol como único delantero, jugador más adelantado del equipo o «punta de lanza». Se renunció al 4-3-1-2 o 4-4-2 en rombo con el que el equipo tocó techo en la Copa América.
No está de más decir que ese cambio en la estructura del equipo llegó en un momento en el que el proceso pendía de un hilo: hasta ese partido, Colombia enlazaba seis juegos sin ganar -tres de ellos se habían perdido de forma consecutiva-, y desde afuera reposaba la preocupación de una debacle porque de frente estaba la mejor selección del torneo, la campeona del Mundo. De ahí que, la duda en sobre si esa figura táctica pueda pasar de ser una apuesta esporádica a un plan de juego que pueda ser continuo.
1. Punta de lanza
De entrada, Lorenzo decidió que a Díaz lo iban a respaldar James tapando por derecha y Jámilton Campaz por izquierda, dejando al tridente de volantes (Lerma-Castaño-Ríos) bloqueando pasillos interiores detrás de Lucho como cuarto elemento de ese soporte defensivo. Con balón, la apuesta para atacar era clara: cerrar el último tercio del campo con dos líneas estrechas para robar balones en campo propio con el objetivo de luego hallar a Díaz como referencia ofensiva para todo: así llegó su gol.

El plan de juego salió en varios tramos del compromiso: redujo el volumen ofensivo de Argentina y ventiló algunas de sus fisuras sin pelota, pero también obligó a Luis Díaz a redoblar la exigencia física de su rol: sometido constantemente a repetir recorridos de 50-60 metros para iniciar y terminar la jugada, como un llanero solitario en ocasiones encontrándose en situaciones desfavorables en las que debía jugársela contra la última línea entera, o lanzar algún desmarque profundo a la espalda de la misma cuando el equipo lograba robar el balón más lejos del arco.



El rol de Díaz como punta de lanza en el partido no varió en las pocas chances que Colombia logró atacar a Argentina elaborando desde atrás: se alejaba de los centrales y se convertía en un punto ciego de los volantes rivales a la hora de enlazar con los suyos, o se emparejaba con los zagueros cuando Colombia lograba instalar el balón en el último tercio, despejando caminos por fuera para ser atacados. Todo esto sucedió hasta el salida de James y el ingreso de Jorge Carrascal, con el que Díaz volvió a recostarse por izquierda.


2). Desenjaular a Díaz
Ese partido de Díaz, que fue el mejor que jugó con Colombia en 2025, puso de manifiesto además la madurez inmaculada que ha alcanzado su fútbol: administrando ataques, haciéndose dueño de todo el frente ofensivo y sintiéndose líder de cada intención del equipo de cara al arco. Son parámetros de un futbolista ya dominante a las que Lorenzo parece todavía no entregarse en su totalidad por mantenerse decidido a conservar un sistema que le dio éxito en su mejor momento, el ya citado 4-3-1-2.
A lo largo del ciclo, al ‘Guajiro’ lo han acompañado arriba cuatro centrodelanteros de distintos perfiles y características: Rafael Borré, Jhon Córdoba, Jhon Durán y Luis Suárez, pero la realidad es que Lorenzo no logró dar en la tecla con ninguno de ellos, fortaleciendo narrativas de afuera que clasifican a esa posición como ‘desierta’ desde los tiempos de Falcao. No obstante, el que parece perfilarse para comenzar en el mundial con Díaz es Suárez, pese a que desde el póker que anotó ante Venezuela en Maturín, su rendimiento ha hecho mucho ruido y pocas nueces. El ‘9’ del Sporting de Portugal no volvió a anotar con la ‘Tricolor’ desde ese juego, aunque más alarmante es su escasa participación en los partidos que tampoco ha logrado compensar esa sequía.
La inclusión del ‘9’ también ha acentuado otro lío en la química del equipo, -que según la distribución de los jugadores en el campo puede ser circunstancial- y es que se mantiene a Díaz constatemente alejado del lado fuerte de Colombia, donde se suele concentrar los mediocampistas) y el ataque pierde sorpresa por el poco radio de acción que tiene el delantero para moverse por otras zonas del ataque distintas a las de la posición de partida. Ese obstáculo colectivo también le ha impedio a Daniel Muñoz desplegar su mejor virtud, que es llegando cuando la jugada se gesta por el otro lado, y no estando.



El clímax del problema se centra en un Díaz que con Colombia luce enjaulado, preso dentro de un contexto que minimiza el margen de acción de sus mejores cualidades -hoy en día en su pico máximo de desarrollo-, y que acrecientan el temor de que en la Copa del Mundo aparezca una versión similar a la que mostró la Copa América de hace dos años, porque ahí también hay una deuda del jugador, pero que no solo depende de él para ser saldada.

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